Si se sigue la ruta de los mejores cantautores brasileros, las carreras de Caetano Veloso y Chico Buarque muestran dos formas opuestas de madurar. Si el primero cuenta aún con suficientes ideas y desprejuicio para legitimarse como un referente de vanguardia (incluso pasados los sesenta años de edad), Buarque está inserto en una década tranquila, en la que la música ha ido tomando un lugar equivalente al de su interés por la escritura —Leite derramado (2009) es su último libro—, y en la que sus grabaciones son espaciadas y sin mayor alarde promocional.
Chico es su primer disco en cinco años, y es música compuesta y arreglada con finura, que si bien muestra lo tonificado que está el músculo musical de uno de los principales creadores vivos de Brasil, no busca ponerlo a competir en ninguna carrera. Es un disco tranquilo, guiado por la poesía de la trova y la cadencia del samba, y que se acelera o ralentiza en los momentos justos para ofrecer un trayecto sonoro amable y a la vez colorido. Una mayoría de versos de amor se acoge al canto suave de Buarque, que no por calmo elude juegos vocales y pequeñas bromas que mantienen la atención.
Su dúo con la joven Thais Gulin ("Se eu soubesse") es un delicioso bordado de cuerdas, canto y onomatopeyas. "Querido diario" es el tema social del álbum, una crónica personal, pequeña, sobre el recorrido cotidiano de un hombre que articula las impresiones que acumula en su paseo diario. El autor de “Construcción” es aún hábil para articular poéticamente el sentir del hombre común, acogido a una belleza sobria pero profunda, a quien la música le fluye como un ritmo natural y se acopla al paisaje emocional de quien lo escucha.
Chico (2011, Biscoito Fino)| 1.Querido diario, 2.Rubato, 3.Essa pequena, 4.Tipo um baiao, 5.Se eu soubesse, 6.Sem voce 2, 7.Sou eu, 8.Nina, 9.Barafunda, 10.Sinha.


